Mentiras: Debo ser Perfecta
Esta es una de las mentiras más aceptadas porque es un mecanismo que creamos para cubrir una herida profunda, como el abuso que sufrimos de pequeñas, ya sea verbal, físico o sexual. Cuando nos han dañado íntimamente lo que SOMOS, empezamos a creer que solo nos queda entonces ser valoradas por lo que HACEMOS; creemos que si a la gente gusta todo lo que hacemos, nosotras mismas seremos apreciadas.
Caemos en nuestra propia trampa al proponernos hacer y tener todo en perfecto orden y no permitirnos ninguna falta porque nos hace perder el aprecio de la gente. Esta mentira rompe nuestro balance y nuestro ritmo de perfeccionismo y nos quita mucha energía tratar de agradar siempre a todos, y recuperarnos de un error cometido.
Al encerrarnos así, no dejamos lugar para el señorío de Dios en nuestras vidas, no reconocemos que nuestra naturaleza incompleta lo necesita a Él para hacernos plenas, y pretendemos ser nuestros propios dioses con nuestras propias reglas, lo cual es pecado.
“Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. 1 Juan 1:8-9 NVI
¿No es esta verdad de gran consuelo? Dios nos conoce con todo y nuestras imperfecciones y desea enderezar nuestros caminos, si tan solo lo dejamos.
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La invitación y el reto que le dejo es precisamente ese: pase tiempo con sus hijos, conozca su interior, analice las razones por las cuales Jesús mismo nos alentó a imitarles y puso como requisito para entrar en el Reino de los Cielos tener un corazón como el de ellos.